viernes 16 de mayo de 2008

Cultura Política en el Perú y América Latina


Basadre afirmaba con acierto que el gran mal peruano era el “Estado empírico”. Lamentablemente esta observación del notable historiador aún es válida al mirar nuestra vida política. Gobiernos legales pero no legítimos, son la constante de nuestra historia reciente. La anomia esta más presente que nunca en nuestra sociedad. Sin embargo la reserva moral del país es grande, y no cabe duda de que el cambio hacia la verdadera democracia no esta lejano. Debiéramos acostumbrarnos a medir la sociedad no por sus políticos, sino por sus intelectuales y artistas. Sólo así reconoceremos parte de la verdadera riqueza de estas tierras.(Eddy Romero Meza)
El Zorro de Abajo. El orden de García
Sinesio López Jiménez. (Sociólogo)

En el Perú republicano y en la mayoría de los países de AL el orden ha sido construido a la mala: a palos y a balazos. Nunca existieron las buenas maneras. Las fuerzas coercitivas –las FFAA primero y luego la policía– han sido educadas para disparar y para matar en nombre de la ley y el orden. La policía misma, que debiera estar muy cerca de los ciudadanos para protegerlos, ha sido militarizada y armada hasta los dientes. El contraste con el policía inglés, por ejemplo, es impresionante. Sin varas, sin pistolas, sin metralletas y sin tanquetas, la policía inglesa protege al ciudadano, incluso en sus manifestaciones de protesta. Cada inglés es, de alguna manera, un policía de sí mismo: ha incorporado el orden dentro de su sicología y de su propia cultura. En AL, en cambio, el orden está en la metralleta del policía y cuando ésta, por alguna razón, no está presente, el orden desaparece.

¿A qué se debe la diferencia? ¿Obedece a los diferentes tipos de ciudadanos que habitan los países desarrollados y los países atrasados? ¿Se debe acaso también a los diferentes tipos de culturas políticas que los mueven? La explicación hay que buscarla, en gran medida, tanto en el tipo de ciudadanos como en los tipos de cultura política. Los ciudadanos de los países desarrollados tienen todos los derechos (civiles que tienen que ver con la libertad, políticos que atañen a la participación en las decisiones políticas y sociales que aluden al bienestar que produce la sociedad), las mismas garantías (efectivo acceso igualitario, garantizado por el Estado, a todos los derechos reconocidos), todos ellos son iguales ante la ley y a todos (o la mayoría) se les ofrece una igualdad de oportunidades. En AL, en cambio, el acceso efectivo a todos los derechos ciudadanos (reconocidos) es muy limitado, el Estado no los garantiza por igual, no existe igualdad ante la ley ni mucho menos igualdad de oportunidades.

En el Perú, por ejemplo, el 40% son ciudadanos de primera (con acceso efectivo, más o menos garantizado, a todos los derechos), el 23% son ciudadanos de segunda (con derechos civiles y políticos pero sin derechos sociales) y el 33% son ciudadanos de tercera (con derechos políticos efectivos, pocos derechos civiles y ningún derecho social). Más del 90% cree que no existe igualdad ante la ley y más del 50% considera que sus derechos (sobre todo salud, educación, empleo y seguridad) no están plenamente garantizados por el Estado. Justamente los derechos que podrían ofrecer a los ciudadanos una igualdad de oportunidades. Las diferencias de cultura política son también significativas. Mientras en la mayoría de los países desarrollados predomina una cultura cívica, republicana y democrática, en AL se han impuesto las culturas de sometimiento a la mano dura y de desinterés por la política (súbdito y parroquial, respectivamente, para usar los viejos conceptos de Almond y Verba) y, lo que es peor, subsiste el patrimonialismo que, entre otras cosas, explica la alta permisivad ante la corrupción.

A través de la cultura política llegamos al problema de fondo: la forma de gobierno de las élites. La cultura política más que una condición que explica a los diversos tipos de régimen político es, en realidad, un producto de sus prácticas, aunque posteriormente se establezca entre ellos una relación circular. Mientras que los regímenes dictatoriales y autoritarios segregan prácticas y culturas autoritarias en su relación con los ciudadanos, los regímenes democráticos generan prácticas y culturas democráticas. Con notables excepciones, en el Perú y AL las élites y los gobernantes han optado a lo largo de la historia republicana por las dictaduras o por el autoritarismo como formas de gobierno y como formas de construcción del orden. No estuvo entre sus proyectos la promoción de un desarrollo inclusivo, la integración de la población a la vida política reconociendo y garantizando todos sus derechos ciudadanos ni la construcción de un orden democrático y de una comunidad política a través de instituciones creíbles, efectivas y aceptadas por todos. Por el contrario, ellas optaron por gobernar para los ricos; excluir a las mayorías de sus derechos, sobre todo de los derechos sociales e imponer el orden apoyándose casi exclusivamente en el monopolio de la violencia del Estado.

En el tema de la construcción del orden, García no es, por desgracia, una saludable ruptura con el pasado sino una lamentable continuidad. Si quieres que los ciudadanos te obedezcan haz que ellos no solo te teman sino que te amen, aconsejaba Maquiavelo a los príncipes. Si García quisiera economizar la violencia a la que en ciertas ocasiones tiene que apelar el gobierno, tendría que cambiar de políticas económicas, sociales, culturales e institucionales y gobernar no solo para los ricos sino para la mayoría de los ciudadanos. Pero eso es demasiado pedirle en su involución conservadora. Esa es una tarea reservada a las oposiciones sociales y políticas, regionales y nacionales, cuya vigencia ha sido negada por García.

Fuente: La República

miércoles 14 de mayo de 2008

Alain Touraine

Alain Touraine es uno de los más importantes sociólogos contemporáneos. Nació en 1925 en Hermanville-sur-Mer, Francia. En 1950 se recibió en la Ecole Normale Superieure de Paris. Realizó estudios en la Universidad Rockefeller de Columbia (en 1952), y en Harvard (en 1953). Fue investigador del Consejo Nacional de Investigación científica (CNRS) hasta 1958. En 1956 fundó el Centro de Estudios para la Sociología del Trabajo de la Universidad de Chile. En 1958 funda el Laboratorio de Sociología Industrial. En 1960 fue investigador en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, de París. Es Oficial de la Legión de Honor de Francia y ha recibido la Orden Nacional al mérito.

Campo de Marte. El teatro vacío del mundo

Por Hugo Neira
(sociólogo)

El 2 de mayo, en la capilla bajo cuya bóveda están santos y doctores de la iglesia, joya barroca de la Casona de San Marcos, en acto de honoris causa, ha ocurrido una suerte de terremoto intelectual. Un sabio francés acostumbrado por sus viajes a frecuentar a la elite del mundo y a ver países distintos, confiesa ante el estupor de la audiencia que es difícil hacer sociología cuando el tejido de lo social por todas partes se deshace. En el público se podía escuchar el vuelo de una mosca. Sobre quién es Alain Touraine, brindo al lector otros medios. (*) Ahora el arte perdido de la reseña.
Hablaba un hombre lúcido, alto, reposado, 83 años, y de pie en el púlpito laico, sanmarquino, y con pausadas palabras, y sin ayuda de powerpoint alguno –esas andaderas del espíritu– dijo llanamente en perfecto castellano cuál es el nudo de sus actuales preocupaciones. "Hubo un mundo, con Estados, con clases sociales, con industrias, con conflictos". Ese mundo industrial, prosigue Touraine, "era un mundo de la producción". En su descripción hace entrar el progreso del siglo XX por entero. "Pero esa sociedad industrial ha cesado". No es que un cataclismo lo haya barrido, no. Vino a decirnos una de esas cosas de sociólogo, que hay que explicar. La lógica de lo social no está dentro de esas sociedades (ni dentro de las descolonizadas). El mundo actual es el mundo impersonal de los mercados. El mundo globalizado es el de impotencia de Estados, clases y actores.

El sistema de producción de la globalización separa sociedad y economía, la cual se hace en otros lugares. "En la bolsa de Londres, no sé qué, por no sé quiénes". Impersonalidad más que nunca del gran capital. En consecuencia, ¿contra quién se estructuran los actores? El mundo como un gran teatro vacío. Un teatro del silencio de poderes anónimos e inalcanzables. Las consecuencias están a la vista: la política poco les interesa a los mismos europeos. En México, señala, un 50% de mexicanos está fuera del sistema político. En Argentina lo mismo, siguen a dirigentes locales, barriales. Y el resultado es que en países ricos, el zócalo de la pobreza se deja en un 8% a un 15%.
Para Touraine los actores políticos no expresan actualmente a los actores sociales. Pese a ello, propone un retorno a la política. En segundo lugar, dibujó este mundo actual, inesperado, al que no niega innovaciones técnicas, y "más dinero que nunca". Pero que igual des-socializa. Un mundo difícil de vivir, "donde los individuos se hallan perdidos, sin signos de orientación". Touraine invocó a la ocasión "El hombre sin cualidades", del austriaco Robert Musil, un relato en torno al apocalipsis gozoso de Viena fin de siglo. Luego, barrió de un porrazo conceptos muy a la moda: "postmodernidad", "sociedad potsindustrial". Postulados facilones, zonceras que impiden asumir la dramaticidad del mundo. El panorama del mundo no es post. Es retorno. Ahora bien, si la sociedad se descompone, ¿cómo se puede hacer sociología? Touraine sociólogo hace un adiós a la sociedad. O a una idea de la misma. Así, en un tercer momento se detiene sobre su "Retorno al actor". Es el concepto de individuo, pero como actor-ciudadano, ese sujeto que resiste a la despersonalización de las modas y del consumo que homogeniza.

Touraine disertó, finalmente, sobre tres tipos de individualismos. Uno que limita su individualidad a lo que compra. Otro que se repliega en la tentación del comunitarismo, o sea, a lo grupal local, religioso, político. "La tentación del rebaño", decía Nietzsche. Este último deja lugar a feroces "conflictos inter-comunidades". Y a partidos políticos ( nuevos) autoritarios. A posturas "militaro-religiosas" (y pensé en Bush y en Bin Laden) Touraine ve el anuncio de "culturas y civilizaciones cerradas". Y por todo ello vuelve a lo que le parece decisivo: al individuo. A Walter Benjamin y a Hannah Arendt, "el individuo es el que tiene derecho a tener derechos". "El derecho a no ser maltratado, ni humillado". A los derechos universales.

Touraine, sus perplejidades. Y su paradojal lección. Una lectura de un mundo que es y a la vez ya no es. Acaso por mi parte algo olvido. Es lástima que en el "parterre" o platea no estuviera más de la flor granada de nuestros intelectuales. A veces, dijo el mexicano Reyes, una aldea es Atenas. Eso ocurrió esa tarde en la Casona. Touraine permite ganar años de conciencia. Su "Crisis de la modernidad" dice más que cien conferencias limeñas sobre la globalización; cito una línea: "El mundo actual tiene conflictos más radicales que los de la época industrial" (p. 372). ¡La que nos espera! Estudiar a Touraine es acabar con esta larga noche del no-pensamiento social. Mucho más provechoso leerlo, aunque –como a todo– críticamente, que esa inercia que compruebo en cada viaje por provincias: hay quienes siguen estudiando esa edad paleolítica de las ciencias del hombre que es el marxismo versión Lenin.

(*) La he puesto en la página web de la institución donde trabajo, porque como Director de la misma me invitaron. Me he tomado esa libertad, así están las cosas. (
http://www.bnp.gob.pe/ discurso de orden al acto de honoris causa al sociólogo Alain Touraine

Fuente: La República

lunes 5 de mayo de 2008

Javier Heraud.


Javier Heraud desenterrado

César Hildebrandt

Javier Heraud había nacido seis años antes que yo, así que cuando se murió de treinta balazos disparados por la Guardia Civil yo tenía quince años, estaba en el colegio militar Leoncio Prado y apenas me enteré del ­asunto.

Dos años después, sin embargo, liberado de la ceguera que imponía el colegio, leí a Heraud, quise a Heraud y juré que jamás lo olvidaría.

Más tarde, en “Caretas”, cuando entrevisté a su familia para una nota, percibí que a ellos –sus padres, su hermana– lo que había hecho Heraud les parecía romántico y suicida pero no heroico.

Heraud era mellizo generacional de César Calvo, con quien compartió el premio “El poeta joven del Perú”. Pero mientras a César lo habían secuestrado las palabras y las mujeres –en ese orden–, a Javier lo raptaron las ideas.

Había estudiado en el “Markham”, donde siempre fue uno de los primeros, y había ingresado a la Católica con el primer puesto en Letras. Era buenmozo sin remordimientos, talentoso hasta la precocidad, tierno y buenazo hasta la pared de enfrente.

Con “El viaje” había ganado un premio –en esa época los premios no se daban al toma que te doy– y con “El río”, en 1960, había sorprendido a la crítica. Su poesía tenía mucho de agua limpia que discurre y ­alimenta y a mí lo primero que me impactó fue la limpia de retórica que Heraud había hecho con sus textos. Heraud no quería escribir para impresionar y por eso impresionaba, no aspiraba a ser citado y por eso llamó tanto la atención y no quiso hacer poesía social al uso en los cincuenta y por eso sus poemas tenían la serenidad geográfica de un mundo que él no parecía crear sino descubrir al mismo tiempo que sus lectores. Y por todo eso era casi imposible ­aceptar que el autor de “El río” tenía apenas 18 años. Sólo la poesía francesa había producido precipitaciones tan magníficas.

Todo en Javier fue vértigo impaciente. Fue profesor de inglés y lenguaje a los 17 ­años, apenas salido del colegio, y teacher en el Guadalupe a los 18. Y habiendo ingresado a la Católica se matricula también en San Marcos, donde empezaría sin ganas ­una carrera que sólo podía hacerlo infeliz: la abogacía.

La revolución cubana tronaba en sus oídos, los movimientos anticoloniales cantaban himnos y ganaban guerras, a Jacobo Arbenz lo había depuesto la CIA hacía seis ­años, Juan Bosch estaba a punto de gobernar República Domicana –la CIA lo sacaría del poder siete meses después y luego Lyndon Johnson enviaría 50,000 hombres para respaldar al mequetrefe de Balaguer–, a Jesús Galíndez no le encontraban el cadáver, a Patricio Lumumba ya lo habían empezado a matar entre belgas y norteamericanos, y por todas partes los jóvenes peleaban para que el mundo fuese más de Gramsci que de Mussolini, más de los justos que de los esbirros.

Así que Heraud se fue a la Unión Soviética, invitado; a París, por gracia de unos amigos próximos al socialprogresismo peruano –al que Heraud se había adscrito–; y a Cuba, invitado por el régimen que en ese momento parecía encarnar todas las virtudes y carecer de todos los defectos.

De regreso, Javier no pudo ser el mismo. ¿Le mortificaba la conciencia haber sido un niño de clase media al que nada le faltó? ¿Lo envenenaba esa culpa gratuita que persiguió a Vallejo, cuya tumba parisina había visitado? ¿Lo convencieron los argumentos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, una escisión temprana del Apra decidida a imponer por la fuerza un modelo de sociedad más próximo a los valores de la civilización? ¿Fue engatusado –como dicen los mezquinos y los parásitos de las becas– por astutos camaradas que lo llevaron al suicidio?

Lo que se sabe es que el 15 de mayo de 1963 Javier Heraud está huyendo de un destacamento policial que ha dado con su paradero de guerrillero perdido en medio de la selva. Heraud y Alain Elías, que sobreviviría milagrosamente, van corriente abajo por el río Madre de Dios cuando los policías los avistan. Los primeros testigos –los que valen– dijeron que, viéndose perdidos, uno de ellos mostró y agitó algo blanco en señal de rendición. Pero ya en 1963 era difícil rendirse en el Perú. Los policías dispararon sus FAL calibre 7.62. Al cadáver de Heraud le contaron, para el protocolo de la morgue, 29 impactos. “El río” se había ensangrentado para siempre. El poeta caudaloso y el guerrillero estupefacto desaparecieron. Y la consigna de la Caverna peruana –o sea la derecha analfa que lee sus periódicos y sigue siendo analfa– ha sido silenciar a Heraud, prohibir su entrada a los parnasos a los que él jamás hubiese querido entrar.

Ayer, en una silenciosa ceremonia de tono familiar, lo que quedaba de Heraud fue trasladado del cementerio “Los Pioneros”, en Puerto Maldonado, a los Jardines de la Paz, en Lima. Allí están sitos sus huesos, junto a los de su padre y 45 años después de la tragedia.

Si Javier hubiese tenido las prerrogativas de Cristo y hubiese resucitado ayer, en plena ceremonia, podría haber repetido las palabras de otro gran poeta odiado por la Caverna española –o sea la casa matriz de los de ­aquí–: Gabriel Celaya:

“Pensadlo: ser poeta no es decirse a sí mismo.

Es asumir la pena de todo lo existente,

es hablar por los otros, es cargar con el peso

mortal de lo no dicho, contar años por siglos,

ser cualquiera o ser nadie, ser la voz ambulante

que recorre los limbos procurando poblarlos”.


Fuente : Diario La Primera

domingo 27 de abril de 2008

LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ.

Sin duda el proceso independentista peruano es uno de los más largos y complejos de la convulsionada historia americana. Representa una de nuestras etapas más difíciles: la cruenta guerra civil (una de la extensa cadena de conflictos internos venideros), que definiría el destino político de nuestro territorio en el primer tercio del siglo XIX.

Desde la teoría de la “independencia concedida”, del historiador Heraclio Bonilla, hasta una visión romántica, propia de una gesta emancipadora de "independencia conseguida", presentada por De La Puente Candamo, la información sobre este periodo es diversa y confusa, además de polémica.

Los ideólogos reformistas, de posición política moderada y quizás autonomista, se convierten en personajes de difícil comprensión para muchos, más aun si no nos aproximamos al concepto de nación o república que ellos usaron, y que difieren a veces con los sentidos que les atribuimos a tales términos hoy.

Los precursores separatistas criollos, por su parte resultan admirables como en el caso de Francisco de Miranda y aparentemente contradictorios en el caso de personajes como Riva Agüero. (Eddy Romero Meza)

LA INDEPENDENCIA
La pólvora en las ideas

Por: Marcel Velázquez Castro

Los antecedentes y el significado de la independencia política de 1821 constituyen dos temas de gran controversia entre los historiadores peruanos. Esquematizando, hay dos posiciones. Un grupo sostiene que la independencia fue impuesta por ejércitos extranjeros e intereses geopolíticos de Inglaterra a una elite criolla de ideas políticas ambiguas, pero muy consciente de la pérdida de poder que significaba la transición de ser el centro del poder en el virreinato más importante de América a convertirse en un mero país en el nuevo concierto de naciones republicanas. El otro sector considera que desde finales del siglo XVIII se fue gestando una conciencia nacional que se manifestó en una sucesión de revueltas y rebeliones fallidas y en las ideas de un grupo de criollos, mestizos e indígenas que fueron socavando el orden colonial y facilitaron la tarea de los ejércitos emancipadores y la aceptación del nuevo orden republicano.

El libro del historiador Alejandro Rey de Castro se inscribe en la segunda línea, pero aporta nuevos argumentos y matices a esta posición. Como lo declara el propio autor, el propósito del libro es la comprensión del proceso de formación y maduración de la nacionalidad entre 1780 y 1820 a partir del estudio del pensamiento político de la emancipación.

En el primer capítulo, asumiendo que la conciencia política del americano criollo se desarrolla desde la Conquista, se traza un exhaustivo recuento de los actores de la denominada etapa reformista (1780-1808) con particular énfasis en la conflictiva formación de la conciencia criolla. En esta sección destaca el análisis de los documentos de la conspiración de Aguilar y Ubalde (1805) porque prueban que un grupo de criollos se había decidido por la independencia antes que la invasión napoleónica provocará la crisis de la monarquía española en 1808. El segundo capítulo presenta un mapeo de las diversas lecturas del fenómeno de la crisis de la monarquía española y de las reacciones en Hispanoamérica. Rey de Castro demuestra que entre 1808 y 1814 concurren y se articulan la antigua conciencia criolla y el malestar por las Reformas borbónicas, con la crisis que abre la esperanza de reformar el vínculo colonial en el marco gaditano. La cautela de los criollos limeños se entiende porque eran los que más tenían que perder por su posición comercial privilegiada y su preeminencia social sobre las demás comunidades étnicas y castas del virreinato. Adicionalmente, el miedo al caos y a los sectores populares contribuyó a la parcial inacción de los criollos.

Las Memorias de Abascal revelan su valor como fuente primaria y ofrecen nuevas lecturas del proceso de independencia, también son muy interesantes las concepciones del arequipeño Mariano Alejo Álvarez, personaje muy poco estudiado. Por otro lado, el análisis de las rebeliones y conspiraciones en Tacna, Huanuco y Lima incide en el ideario político, pero también en los sujetos sociales involucrados y en la fragilidad de las alianzas interétnicas.

Leer artículo completo en :

http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-04-27/la-polvora-ideas.html

miércoles 23 de abril de 2008

MULTIPOLARIDAD Y NUEVO DESORDEN MUNDIAL.

“Multipolaridad” y nuevo “desorden mundial”, términos empleados por politólogos y sociólogos desde hace algún tiempo para referirse a la “escena contemporánea”, como diría Mariátegui. Lo cierto es que la hegemonía de la superpotencia norteamericana hoy se va debilitando ante el ascenso de la UE, China, La India, etc. No creo que el predominio estadounidense desaparezca en el tiempo corto, pero hay claros síntomas de una transformación substancial del orden internacional. Esto significará para Latinoamérica la necesidad de consolidar las alianzas regionales. Es curioso observar cuan lejos de ello se halla ese bloque sudamericano denominado Comunidad Andina de Naciones. (Eddy Romero Meza)

Campo de Marte. Good bye Mister Dollar

Por: Hugo Neira (sociólogo)

¿Hegemonía americana? ¿Estados Unidos la sola superpotencia? ¡Eso ya fue! "Los Estados Unidos deben contar con las otras potencias, en primer lugar China y la Unión Europea, y enseguida, con Rusia y Brasil." Tan temeraria propuesta de nueva geopolítica parecería a simple vista la sugerencia de algún marxista trasnochado, un iluminado chavista o algún caprichoso profesor. Pues no, ocupa las páginas del "The New York Times". (1 700 000 ejemplares de venta el día domingo). Lo que ahí se sostiene no es que Norteamérica esté en decadencia (como algunos de por aquí pueden echarse a soñar, tan dados como somos a las divagaciones mágicas), sino que el mundo unipolar que se constituyó al día siguiente de la disolución de la ex URSS, ha concluido. Pero no para volver a alguna bipolaridad. La sustituye un mundo de rivalidad y a la vez de alianzas paradojales. Un mundo complejo, riesgoso. Y a la vez novedoso, abierto.

Si el lector ha terminado de digerir la información anterior, que se prepare a la que sigue. El New York Times celebra el libro que contiene esta nueva lectura y a su autor, Parag Khanna, politólogo de origen hindú y Director del "Global Governance Initiative" (1). Khanna, aprovechado hijo de un hombre de negocios de la India, aprendió lenguas, entre ellas el inglés y el alemán, durante sus viajes familiares, y el libro que citamos, no es su primero. A Khanna es muy difícil considerarlo enemigo del capitalismo y la globalización. Este analista proviene de esa periferia activa económicamente, la asiática, pero es alguien que razona de manera acaso distinta que los norteamericanos de cuna. Hace poco, le escuché en directo, en youTube. Con sencillez, dice no creer demasiado en las estadísticas por ser inmediatistas, y en cambio busca entender lo que llama "la tendencia". Khanna, un hombre joven, nos cuenta que ha recorrido algo así como una cuarentena de países en las cinco regiones estratégicas del planeta. Un mundo que él llama "el segundo mundo". Ni parte del nudo de la economía mundial, ni de la periferia o tercer mundo. Ahora bien, los grandes de ese "segundo mundo" se hallan en Europa del Este, América del sur, Medio Oriente y Asia del Sud-Este. Y un ejemplo es Brasil, Rusia, India, China, los países que tallan en la Bolsa, llamados el BRIC (39 por ciento del capital del mundo). Hay una veintena de otros países, entre ellos Venezuela, Vietnam, Marruecos, Malasia. Dos características los distinguen de los países tercermundistas. Primero, su potencial estratégico debido a su peso demográfico y económico. Y lo segundo es tema político: no están necesariamente al servicio de las grandes superpotencias. Pero aquí viene lo mejor: ¿quién alcanzará la hegemonía mundial? ¿USA, Europa occidental o China? Su respuesta es que la superpotencia que mejor se vincule al mundo emergente. Y así, una franja de naciones secundarias es la que determinará la geopolítica mundial. Me recuerda algo: la sociedad humana, dice el antropólogo Levi-Strauss, comienza cuando no hay dos sino tres. "Dos es pareja, tres es matriz". Es lo múltiple. (Hace tiempo que esa idea me trabaja, por eso "Hacia la tercera mitad, uno de mis libros).


Seguir leyendo en:
http://www.larepublica.com.pe/component/option,com_contentant/task,view/id,216275/Itemid,0/

sábado 19 de abril de 2008

PRESIDENTES EFÍMEROS DEL PERÚ



A LA VUELTA DE LA ESQUINA - PRESIDENTES POR UN DÍA

Vídeo dedicado a mis alumnos de Trilce Chorrillos, quienes gustan de la historia tanto como de la internet. Espero les agrade chavales.

La insoportable brevedad del ser.

Por: Eddy W. Romero Meza.

Dicen que en el Perú lo único permanente es lo provisional. Lo cierto es que la historia política peruana ha estado signada por la “permanente” presencia de gobiernos provisionales o de transición. ¿Las causas?, bueno son poco mas que evidentes: golpes de estado nacidos del trágico caudillaje civil y militar de los primeros años de la república y la persistente fragilidad de la democracia peruana.

Las guerras civiles fueron las constantes históricas que proveyeron al Perú de gobiernos cortos y mediana duración, el caso es que muy pocos pasaron a la larga duración de la memoria colectiva. Podemos jactarnos de no haber tenido dictaduras tan largas como las de Porfirio Díaz en México, Stroessner en Paraguay, Pinochet en Chile o el mismo Fidel en Cuba. Pero si podríamos ufanarnos de presentar los gobiernos más patéticamente breves de la historia latinoamericana. Sin duda existen otros casos igual de patéticos en naciones vecinas. Pero nuestro nacionalismo nos lleva a creer que somos especiales en el campo de los gobiernos efímeros. Sino pregúntenle al presidente Luis La puerta (caso no mencionado por Gonzalo Torres en el vídeo), quien duró en el cargo dos pocos gloriosos días en plena guerra del pacifico.

Cabe mencionar por otro lado también la existencia de casos excepcionales como el de nuestro entrañable ex presidente Valentín Paniagua y otros personajes de gobiernos correctos y democráticos, lo cual nos deja como mensaje que la grandeza moral no es efímera.

Ver 3ra parte del vídeo en :

miércoles 16 de abril de 2008

LA REPÚBLICA ARISTOCRÁTICA. GOBIERNO DE MANUEL CANDAMO.

(hacer clic sobre la imagen para agrandar)
MANUEL CANDAMO IRIARTE.
(Presidente del Perú entre 1903 y 1904)

DATOS BIOGRÁFICOS (1841 - 1904)

Nació en Lima y estudio en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, de donde egresó en 1856. Su educación secundaria la realizó en el Convictorio de San Carlos y luego en la universidad Mayor de San Marcos, donde estudió jurisprudencia.

Durante varios años trabajó como redactor del diario El Comercio, donde hizo campaña contra la firma del tratado Vivanco-Pareja. Por tal motivo, las autoridades del gobierno de Juan Antonio Pezet lo desterraron a Chile. En 1867 emprendió un viaje por países del lejano Oriente y Europa, dedicándose al estudio de sus sistemas económicos. A su regreso en 1872, ingresó al Partido Civil.
En Octubre de 1876 fue designado alcalde de Lima, cargo que ocupó hasta diciembre de ese mismo año. Durante la guerra del Pacífico sentó plaza como soldado de reserva para la defensa de Lima. Además se unió al gobierno de Francisco García Calderón “gobierno de la magdalena”. Por, ello fue encarcelado y deportado a Chile. En 1883 regresó al Perú. Tres años más tarde ayudó a la formación del Partido Constitucional, encabezado por Andrés Avelino Cáceres. Sin embargo, regresó luego a las filas del civilismo. Luego de que Piérola dio fin al gobierno de Cáceres, en 1895, candamo presidió una junta de gobierno que convocó a elecciones.

En 1897 fue designado senador por el departamento de Lambayeque, y seis años más tarde, elegido presidente de la república. A los pocos meses de iniciado su gobierno, falleció en la ciudad de Arequipa.

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