domingo 15 de noviembre de 2009

Argentina: “país que desde hace décadas imagina que es más de lo que es”.

ARGENTINA EN SU BICENTENARIO

El miedo a la pequeñez

Por: Tomás Eloy Martinez (Escritor)

Historia no es solo aquello que se cuenta del pasado. Es también, y a veces sobre todo, el relato de lo que se omite, de lo que queda en los márgenes.

En mayo de 1910 la Argentina celebró el primer centenario de su emancipación de la Corona española. Pocos meses después, el adolescente Juan Domingo Perón fue llevado por su abuela paterna al Colegio Militar de la ciudad de San Martín, donde estudió amparado por una beca de misericordia. Con esa escena empieza el siglo XX en la Argentina.

Tres décadas más tarde, cuando alcanzó el poder, Perón puso en práctica las lecciones de disciplina y orden que había aprendido en la milicia. Organizó el país en torno a la figura de un líder fuerte, carismático, cuya palabra era ley.

A ese modelo jerárquico y autoritario pueden atribuirse las alternancias civiles y militares que se sucedieron a partir de 1955 y que cerraron el camino a todos los proyectos de desarrollo.

Desde entonces la Argentina se convirtió en un campo de batalla entre facciones que se disputaban fragmentos de poder y que obedecían, todas ellas, a diferentes caudillos únicos intolerantes con las ideas de los otros. Cada uno de esos caudillos, a su turno, fue debilitando las instituciones.

El peronismo domina la política argentina aun desde antes de que Perón regresara de su exilio en Madrid en 1973. Con el paréntesis de las dictaduras militares se ha mantenido en el poder de una manera u otra hasta hoy y es posible que siga prevaleciendo durante otras dos o tres generaciones.

Nadie, sin embargo, sabe con certeza qué es el peronismo. Y porque nadie sabe qué es, el peronismo expresa el país a la perfección. Cuando un peronismo cae, por corrupción, por fracaso o por mero desgaste, otro peronismo se levanta y dice: “Aquello era una impostura. Este que llega ahora es el peronismo verdadero”.

La Argentina, así, se ha ido tornando impredecible, un enigma ante el que se estrellan todas las respuestas. ¿Cómo imaginar el futuro inmediato, la celebración del segundo centenario de la independencia entre las brumas de un país a la deriva? Las instituciones siguen inestables. En la Argentina, a diferencia de lo que sucede en Chile y Brasil, cuando un gobierno sustituye a otro, los técnicos y los cuadros medios del gobierno que se va son desalojados y reemplazados por otros funcionarios.

A partir de lo que aparece ahora en la superficie de los hechos se vislumbra la silueta de un futuro más bien opaco, que en nada se asemeja al del primer centenario.

En toda la despoblada extensión de la Argentina se oyen tambores de guerra. La batalla por conservar el poder o por arrebatarlo es a vida o muerte. Sindicatos adictos al gobierno contra sindicatos adversarios; piquetes contra piquetes.

La justicia se mueve a paso lento, tratando de proteger las instituciones. Gracias a la justicia, el mejor legado del gobierno de Kirchner no se ha perdido en el polvo de las reyertas. Los imperdonables crímenes de la dictadura, los robos de recién nacidos en cautiverio, las torturas despiadadas, los vuelos de avión con prisioneros a los que se arrojaba vivos en el océano y en el río de la Plata, no van a quedar ya sin condena y sin memoria.

Que se haya recuperado la dignidad vuelve aun menos explicable que la educación agonice degradada en sótanos de negligencia que medio siglo atrás parecían imposibles. La influencia de la Iglesia, que ha sido siempre un poderoso factor de regresión e intolerancia, no cesa de crecer. La prédica de los últimos tiempos trata de llamar la atención sobre el escándalo de la pobreza, pero no recuerda que por la pobreza mueren cientos de madres adolescentes en abortos clandestinos.

Mucha de la infelicidad argentina nace de una lección que la realidad siempre contradice. A los niños se les enseña en las escuelas que son hijos de un país grande acechado por desgracias de las que no es responsable. Nunca le será fácil alcanzar la dicha a un país que cree tener menos de lo que merece y que desde hace décadas imagina que es más de lo que es.

Siempre se creyó que la Argentina estaba en un sitio distinto del que le habían adjudicado la geografía, el azar o la historia. Pero nunca hubo tanto divorcio entre la realidad y los deseos como en estos últimos seis años.

Ya en 1810 una de las obsesiones argentinas era alcanzar la grandeza. Lo que ahora obsesiona al país es el miedo a la pequeñez.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 15 de noviembre del 2009.

Claude Lévi Strauss, las Ciencias Sociales y el aporte al Estructuralismo.

"Lévi Strauss fue un gran inspirador"

Luisa Elvira Belaunde
Antropóloga e investigadora en temas amazónicos


El último sábado, el prolífico etnólogo estructuralista francés Claude Lévi Strauss dejó de existir a los 100 años. Tras una vida así de larga, el intelectual nos deja una vastísima obra cuyos aportes son aprovechados por diversas disciplinas.

¿Cuáles crees que son los principales aportes de Claude Lévi Strauss a la Antropología?

Lévi Strauss es uno de los grandes inspiradores no solamente de la Antropología, sino de las Ciencias Humanas y de todas las personas interesadas en comprender el pensamiento humano y la manera como este interactúa con las ciencias naturales. La obra de Lévi Strauss tiene múltiples facetas. En los primeros años trabajó, sobre todo, el parentesco y escribió Las estructuras elementales del parentesco, una gran obra donde compara los sistemas de parentesco del mundo y ofrece una contribución determinante tanto para la Antropología, como para la Sociología y la Lingüística. Él plantea que el incesto es, más que una prohibición, una obligación a compartir. Tras esta etapa, Lévi Strauss inicia otra jornada igual de maravillosa relacionada con la exploración del pensamiento simbólico —como decía él— “libre”, es decir, en su producción espontánea. Así, estudia la mitología, el simbolismo, y sus reflexiones no solo son sobre la manera en que el pensamiento humano opera de manera libre, sino cómo se encuentra en la música, en la política y en la historia, lo cual ocurre tanto en los pueblos con escritura como en aquellos que no la tienen.

¿De qué manera te parece que contribuyó el estructuralismo planteado y practicado por Lévi Strauss a la escuela estructuralista?

Lévi Strauss se inspira en los trabajos de Saussure y de Jakobson. Lo interesante es que expande la Lingüística y permite ver que no se trata de una disciplina estrecha, que solamente mira el pensamiento lingüístico, sino que nos permite comprender todas las obras humanas, pues según él cualquier tipo de manifestación cultural es una lengua. Lévi Strauss hace de la comunicación y del intercambio el principio de la vida social. Cuando dice que el incesto más que una prohibición es una obligación a dar, está diciendo que la comunicación es la base de lo social: la sociedad es un sistema de comunicación, por lo tanto la Lingüística es la disciplina que por excelencia nos permite acceder a todos los demás productos de la actividad humana. Así, Lévi Strauss le da a la Lingüística una dimensión universal.

Los aportes teóricos de Lévi Strauss han sido provechosos para más disciplinas que la Lingüística. ¿A qué crees que se deba esto?

Precisamente porque siempre pensaba en la interacción entre las disciplinas. Él construye su antropología estructural en base a la lingüística estructural, el psicoanálisis freudiano y la geología. Le interesaba mucho la idea que postuló Freud de que el ego conciente no era sino la punta del iceberg de varios otros procesos inconscientes. Igualmente, en la lingüística de Saussure también se postula que el mensaje hablado no es más que la punta del iceberg de las estructuras inconscientes que están por debajo. Con la geología es igual: cuando uno ve un paisaje solo ve una parte muy pequeña, la cual está sobre capas que se remontan en la historia. De esta manera, en su acercamiento a lo simbólico siempre está conectando lo visible con lo invisible, lo conciente con lo inconsciente, lo que está aquí con lo que está más allá. Se trata de un posicionamiento relacional, en ese sentido es completamente estructural (las cosas no son más que la manifestación de relaciones), y esto lo aplica a las diversas disciplinas, lo que lo ha hecho aparecer como inspirador para muchas de estas: etnología, literatura, filosofía…

Precisamente, su libro más conocido es Tristes trópicos, el cual no podría ser categorizado como un trabajo exclusivamente filosófico, o antropológico, o literario…

Exactamente. Tristes trópicos es uno de los primeros libros en los que un etnólogo desnuda intelectualmente sus emociones. Es un libro de campo y, también, una reflexión acerca de cómo Occidente está interactuando con el resto del mundo. De ahí el título. En una entrevista que Lévi Strauss ofreció en 1977, el periodista le pregunta por qué Tristes trópicos, por qué tanto pesimismo. Él contesta que siente que ha nacido para ver una gran destrucción. La gran destrucción por Europa de mundos que existían antes de la invención de la escritura. Lévi Strauss señala que él siente dicha destrucción, y que los mundos destruidos serán reemplazados por una sociedad bulímica que come, come y come; pero nunca logra satisfacer el deseo, por lo que vomita para seguir comiendo. En 1977, de manera genial, Lévi Strauss señala que las sociedades europea y norteamericana consumen y nunca logran satisfacción. En ese proceso, están destruyendo pueblos que, como dice el propio Lévi Strauss, fueron los grandes inventores de las bases de la humanidad: la domesticación de plantas, la medicina y la astronomía, cuestiones respecto de las cuales la ciencia occidental se queda enana. Aquel título es una fuerte crítica a la bulimia estadounidense y europea.

Lévi Strauss formuló esa crítica hace ya varios años, y hoy en día sigue siendo muy precisa…

Sin duda. Y no debemos irnos muy lejos para toparnos con su vigencia. Pensemos en el Perú, en donde con tal de llenarnos los bolsillos estamos dispuestos a destruir nuestra Amazonía...

Entrevista: Pablo Torrejón

Fuente: Revista PuntoEdu (PUCP). Viernes 06 de noviembre del 2009.

sábado 14 de noviembre de 2009

Ocupación norteamericana de Afganistán y multiplicación del cultivo de opio en ¡¡3,000%!!

Imagen. BBC Mundo

Amapola, lindísimo negocio…

Autor: Guillermo Giacosa (Periodista)

¿Se acuerda de aquella canción romántica “Amapola, lindísima amapola, será siempre mi alma, tuya sola. Yo te quiero, amada niña mía, igual que ama a la flor la luz del día”? Creo que la cantaba Sarita Montiel y, para mí, que mantenía un romance imaginario e incógnito con la cantante española, ella era la mismísima Amapola. No recuerdo si sabía, en ese tiempo, que la amapola era una flor. Menos aún sabía que era una flor que contenía los secretos para apoderarse de tu alma, tu voluntad y tu salud o, también, capaz de calmarte cuando el dolor vencía tus fuerzas. Era y es, porque permite la evasión del mundo real y porque produce millones de euros –estamos empezando a 'desdolarizar’ los artículos–, una flor más que codiciada. La aristócrata orquídea es una inquilina de favela al lado de la opulenta amapola. Esa flor fue el negocio de Afganistán hasta que, en 1999, los talibanes, que eran chiflados para algunas cosas y relativamente sensatos para otras, declararon ilegal a la amapola, cuyo cultivo estaba destinado a producir opio, morfina y heroína. Según un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas, el potencialmente peligroso cultivo quedó totalmente eliminado. Sin embargo, desde que los talibanes fueron expulsados del poder por EE.UU. y la OTAN, desde el 2001 y hasta el presente, el cultivo no solo ha reaparecido, sino que la producción de opio ha crecido en un 3,000%. Repito por si estaba distraído: ¡¡3,000%!! Según datos de algunas ONG, el gobierno de Karzai, socio de los Estados Unidos y ex empleado de una multinacional estadounidense, obtiene el 25% de su PBI del negocio de la droga.

Investigaciones periodísticas han denunciado a Ahmed Wali Karzai –hermano del presidente y gobernador de la provincia de Kandahar– como uno de los mayores traficantes de droga del país. No es sencillo fabricar la droga y, mucho menos, transportarla a EE.UU. y a Europa, sus principales mercados con numerosos adictos. ¿Alguien les pide cuentas a las potencias que ocupan Afganistán sobre esta realidad? ¿Alguien, que no sea Estados Unidos, emite algún informe donde se denuncie a quienes cooperan con la producción y el tráfico de drogas? Quizá, pero hay temas tabú, y este es uno de ellos.

Sin embargo, el Parlamento afgano, en una inusitada expresión de independencia y coraje, ha acusado a los ejércitos de ocupación de ser los responsables del transporte de la heroína hacia otras naciones de Occidente para financiar diferentes guerras. ¿De qué otra manera que con la cooperación de las potencias ocupantes las drogas podrían evadir los severos controles fronterizos? ¿Qué medios de transporte podrían llevarla a sus mercados? Les recuerdo que Afganistán es una suma de tribus que, si bien no están estrictamente en la edad de piedra, lo disimulan bastante mal.

La prensa unida al poder evitará temas tan comprometedores y nos seguirá lavando la cabeza con hechos inexistentes o nos instará a cantar “Amapola, lindísima Amapola…” en resguardo de nuestra inocencia.

Fuente: Diario Perú 21. Viernes 13 de noviembre del 2009.

martes 10 de noviembre de 2009

Análisis de la obra de Hernando de Soto, “El otro sendero”.

El otro sendero, hoy

Por Nelson Manrique (Sociólogo e historiador)

Los 25 años de la publicación de El otro sendero, de Hernando de Soto, son una buena ocasión para revisitar este influyente texto. El punto de partida del análisis de El otro sendero es la gran migración indígena del siglo XX. De Soto explica que en su llegada a la ciudad los migrantes tuvieron que afrontar la hostilidad de la institucionalidad existente que les impedía acceder formalmente a la vivienda, la educación, la empresa y el trabajo. Esto los convirtió en informales y su presencia provocó muchos problemas; pero ellos, dice De Soto, no son el problema, son más bien la solución, siempre y cuando se les facilite dejar de serlo a través de políticas muy simples y concretas para que puedan formalizarse: la simplificación administrativa, la descentralización y la desregulación.

Para De Soto, la informalidad es el punto de partida del desarrollo de un capitalismo popular. Cada ambulante o propietario de una combi es un príncipe encantado –o, más bien, un empresario en potencia– que debe ser sacado de su letargo por el beso de una buena legislación: “los costos innecesarios de la formalidad derivan fundamentalmente de una mala ley; y que los costos de la informalidad resultan de la falta de una buena ley”. Facilitar el acceso de estos empresarios en ciernes a la formalidad es la receta para una revolución capitalista en el Perú.

De Soto fundamenta su propuesta analizando tres áreas de la economía: la construcción de la vivienda popular, el comercio informal y el transporte público. Según él, estos casos muestran lo que pueden hacer estos capitalistas en potencia. Sin embargo, ninguno de estos casos corresponde propiamente a la producción: comercio y transporte no son actividades de producción sino de servicio, destinadas a facilitar la circulación del capital, no a crearlo. La construcción de la vivienda popular, por otra parte, es esencialmente una actividad de autoconsumo; la edificación de un inmueble destinado a satisfacer las necesidades de quien lo produce, no una mercancía producida para ser vendida en el mercado: un valor de uso, no un valor de cambio. Ninguno de estos casos tiene pues que ver con la producción capitalista de valores destinados al mercado (donde De Soto habría chocado con los conflictos sociales), sino con la circulación (donde quienes intercambian valores equivalentes actúan en armonía). Pero De Soto actúa “como si” sus casos ilustraran la actuación de la economía informal como productora de valor. Así “demuestra” la potencialidad de los informales como empresarios.

El otro problema que De Soto no menciona es que la inmensa mayoría de los informales que él muestra como capitalistas en potencia participan en el mercado con recursos tan reducidos que sólo forzando a la mala las categorías de la ciencia económica podría llamárseles “empresarios”. La inmensa mayoría de ellos opera con un capital muy reducido, insuficiente para generar utilidades reinvertibles, que permitan incrementar la escala de su negocio y entrar en una lógica de acumulación capitalista. En general se trata de personas que inventan sus empleos y están obligados a sobreexplotarse para poder sobrevivir precariamente. Afirmar que los vendedores de emoliente están en camino de ser empresarios es pura ideología. No tienen condiciones para incorporarse a la “reproducción ampliada del capital”, lo que constituye la esencia de la acumulación capitalista. La mayoría de los informales generan “utilidades” (más propiamente una remuneración a su propio trabajo) que les permiten apenas satisfacer sus propias necesidades de consumo, y así reinician cada nuevo ciclo económico sobre la misma escala anterior; participan pues en la “reproducción simple del capital”, característica de la economía mercantil simple, no en la producción capitalista.

A 25 años de El otro sendero los trabajadores autoempleados siguen aumentando y hoy confrontan las mismas limitaciones que entonces. Pero la ideología de este muy publicitado texto sigue vendiéndose como la panacea para nuestros problemas.

Fuente: Diario La República. Martes 10 de noviembre del 2009.

jueves 5 de noviembre de 2009

Defensa nacional, hipótesis de conflicto y doctrina de disuasión militar.

La defensa nacional

Manuel Rodríguez Cuadros (Ex Canciller)

El mundo global de nuestros días es más incierto que el de la guerra fría. La internacionalización de los mercados no ha cambiado la naturaleza del Estado nación. Un mundo de mercados sin intereses nacionales diferenciados no existe. El sistema internacional actual en transición sigue siendo un mundo de Estados nacionales. Lo que ha cambiado es el medio en que actúan los Estados y la presencia de actores no estatales con capacidad de acción global. En el sistema internacional actual la guerra está prohibida, pero tiene menos factores de regulación e inhibición que en el pasado.

Los mercados no regulan la vida social y política al interior de las sociedades nacionales ni en la escena internacional. Esa función sigue siendo de los Estados. De la misma manera que los mercados no producen equidad social, tampoco aseguran la paz. Por el contrario, es usual que la guerra se origine por el control de los mercados. La guerra que Chile realizó contra el Perú fue para controlar el mercado del salitre.

La defensa nacional es una obligación del Estado para prevenir y dado el caso repeler cualquier ataque externo contra su territorio, la vida de su población, sus recursos naturales y bienes nacionales, contra su identidad histórica como nación. Consiste en la acción militar y diplomática que una nación opone al empleo de la fuerza o a la amenaza de emplearla por parte de otra nación contra sus intereses nacionales esenciales.

La defensa nacional se basa en hipótesis de conflicto. En el caso de Chile, en su frontera norte se basa en una hipótesis de conflicto con el Perú. La defensa nacional del Perú en la frontera sur está en función de una hipótesis de conflicto con Chile. Esta es una realidad objetiva. La paz consiste en evitar que las hipótesis que son escenarios normalmente posibles pero no probables no se transformen en realidad. Esa es la función de la diplomacia cuando el potencial militar es relativamente equilibrado. Pero cuando existe una desproporción extrema en el plano militar, como la que se expresa en la actual correlación de fuerzas entre el Perú y Chile, la diplomacia es insuficiente.

En casos como este, la mejor manera de afirmar la paz y evitar la tentación del conflicto es que los dos Estados tengan un poder militar disuasivo que inhiba cualquier aventura guerrerista de uno y otro lado, pues el potencial agresor sabría que el daño que podría recibir es demasiado costoso. Cuando el daño que se puede sufrir es mayor que el supuesto beneficio a obtener, el uso de la fuerza pierde razón de ser. A ello se llama la paz por disuasión. No es la única manera de evitar que las hipótesis de conflicto se transformen en realidad. Las hay más inteligentes y menos costosas. Pero cuando una de las partes se arma desmesuradamente y rompe el equilibrio, como es el caso del Chile actual, no queda otra alternativa más razonable y racional que la defensa nacional basada en la doctrina de la disuasión. El Perú no la posee. Debe pasar a tenerla con consenso nacional, seriedad y urgencia.

Fuente: Diario La Primera. Martes 27 de octubre del 2009.

domingo 1 de noviembre de 2009

Diferencias contextuales de la insurgencia iraquí (suníes) y afgana (pashtún). El peligro de una escalada militar en Afganistán.


Afganistán no es Iraq

Por: Farid Kahhat. Internacionalista*

Los cambios en Iraq que permitieron a Estados Unidos revertir algunos de sus errores se resumían en una frase: “Despejar, controlar y construir”. Eso era lo que debía hacerse en ciudades del centro de Iraq donde operaba la insurgencia. Si bien las fuerzas de la coalición realizaban allí incursiones regulares, los insurgentes solían replegarse hasta que finalizara la incursión para luego regresar. No bastaba, por ende, con despejar una zona, había luego que afianzar el control sobre ella. Después debía iniciarse la labor de construcción concebida en un sentido amplio (Vg., construir infraestructura, instituciones y servicios públicos).

El control territorial tenía como propósito demostrar a la población que los milicianos no habrían de regresar a la zona. Lo cual garantizaba la seguridad de quienes estuvieran dispuestos a brindar información sobre los insurgentes. De otro lado, la conjunción entre el cambio en la situación de seguridad y la provisión de bienes públicos pretendía persuadir al resto de la población sobre la conveniencia de cambiar sus lealtades políticas.

Lo dicho, sin embargo, podía entenderse como un intento por perpetuar la ocupación. Por ello, era crucial que se dieran dos condiciones adicionales: de un lado, un gobierno iraquí dotado de un mínimo de legitimidad y eficacia, que pudiera asumir de manera gradual las tareas descritas. De otro lado, la fijación de un calendario para el retiro de las fuerzas extranjeras del territorio iraquí. Todo lo cual podría persuadir a la insurgencia nacionalista de integrarse al proceso político, aislando así a las huestes de Al Qaeda.

Según algunos analistas, un eventual incremento de tropas estadounidenses en Afganistán sería el preludio de un intento por desplegar una estrategia similar. Pero las circunstancias son diferentes. La primera diferencia fue señalada por Obama al indicar que posponía cualquier decisión sobre un envío adicional de tropas hasta saber si habría un gobierno afgano con el cual cooperar. Porque si bien el primer ministro iraquí Nuri Al Maliki ha sido acusado de proclividades autoritarias, eso indica que cuando menos existe una autoridad que concentrar. El presidente afgano Hamid Karzai es, en cambio, un mero alcalde de Kabul, y cuando llegó a tomar una decisión de alcance nacional fue para perpetrar un fraude electoral.

De otro lado, la iraquí era una insurgencia urbana (las cuales jamás han derrocado a un régimen político), y tenía como base potencial a una minoría étnica (los árabes sunitas, un 20% de la población). La insurgencia afgana opera desde la región más agreste del planeta, la cual nadie ha podido conquistar desde Gengis Khan. Su base potencial comprende a una etnia mayoritaria (los pashtún), la cual también puebla el norte de Pakistán. De cualquier modo, la insurgencia afgana depende menos del respaldo social que pueda obtener, dado que cuenta con el tráfico de opio como fuente de financiamiento.

Por último, la insurgencia iraquí se encontraba a la defensiva cuando sectores de la misma aceptaron deponer las armas. La insurgencia afgana, en cambio, se encuentra a la ofensiva, por lo que no tendrían motivos para transar en la búsqueda de objetivos que, según sus cálculos, podrían obtener por medio de las armas. Paradójicamente, cambiar esos cálculos para que una solución negociada resulte tentadora es el único argumento que podría esgrimirse a estas alturas en favor de una escalada militar.

CATEDRÁTICO DE LA PUCP (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 25 de octubre del 2009.

sábado 31 de octubre de 2009

Debate sobre el voto facultativo en el Perú.

La democracia, los votos y los pobres

Por Alberto Adrianzén (Sociòlogo)

Hace unos días el presidente García anunció que impulsará un referéndum para cambiar la Constitución y aprobar el voto facultativo y la renovación por mitades del Congreso, luego que la Comisión de Constitución del Congreso archivara ambas propuestas. Si bien el presidente García propuso estas medidas (sobre todo la renovación del Congreso) en su último mensaje a la Nación, resulta extraño que estas propuestas se hagan a menos de dos años de las próximas elecciones generales y que se crea que con ello se mejorará tanto la democracia como el funcionamiento del Congreso. Sería bueno recordarle al mandatario que su partido, el APRA, ha tenido desde el 2006 la presidencia del Congreso y que hasta ahora hizo muy poco para reformarlo.

Por eso la propuesta de renovar el Congreso para que la población, como dice el Presidente, deje “de votar por los partidos que han tenido congresistas escandalosos, ineficientes y que no han cumplido con su mandato” es discutible no solo porque no se sabe qué parlamentarios tendrán que dejar el escaño a mitad del periodo (la renovación del Congreso no implica la revocatoria de los malos parlamentarios como se cree) sino también porque si no hay una profunda reforma política del Congreso y de los partidos, la renovación se podría convertir en una poderosa arma para desestabilizar al próximo gobierno.

Es cierto que los principales responsables del desprestigio del Legislativo son los propios parlamentarios. Su papel principal ha sido llenar las primeras planas de los diarios con una serie de escándalos. Por eso si no hay una reforma profunda del Congreso y de los partidos, el asunto de la renovación es un simple cosmético que puede convertirse en un arma de doble filo.

En estas páginas hemos señalado varias veces que la propuesta de anular el voto obligatorio tiene como objetivo principal reducir el número de votantes en los sectores populares, en particular en las zonas rurales. Hace unos días, Felipe Osterling, ex senador y miembro del PPC, afirmó que “el voto obligatorio favorece a los candidatos tipo Ollanta Humala o Marco Arana, cuyo bolsón electoral está en la sierra sur, donde es muy difícil ir a votar, pero la gente lo hace por no pagar multa” (Correo, 29/10/09). Y no le falta razón. En las elecciones del 2006 los electores más pwobres de las zonas andinas y de la amazonía votaron masivamente por Ollanta Humala. Ese es el problema de fondo y la razón del porqué la derecha y el APRA proponen el voto facultativo. Es, en la práctica, proponer el regreso a una democracia censitaria en el país.

Otro argumento para rechazar el voto facultativo es el siguiente: un ciudadano goza de un derecho cuando puede ejercerlo. Dicho en otros términos, uno puede ejercer su derecho a no votar cuando tiene el derecho pleno de votar. Qué pasa con los indocumentados que no pueden ejercer este derecho por la sencilla razón de que no tienen DNI. No hay cifras exactas, pero se calcula que estarían entre los 700 mil a un millón de ciudadanos. Por ello, la propuesta del voto facultativo lo único que busca es legalizar la exclusión de los pobres de las elecciones y profundizar la brecha entre la costa moderna y el mundo rural andino y amazónico. En lugar del voto facultativo lo que habría que plantear es una política que incorpore a los indocumentados al sistema electoral y a la vida ciudadana.

Finalmente, si hoy muchos países viven procesos de cambio en A. Latina es porque los pobres no solo ejercen su derecho al voto sino también porque están votando por candidatos contrarios a las políticas conservadoras y neoliberales. Y eso es lo que se busca impedir en el país. Me temo que ambas propuestas antes que reformar o democratizar el sistema político o el Congreso, a lo único que apuntan es a bloquear a los candidatos mal llamados “antisistema” o a crearles problemas si ganan las próximas elecciones.

(*) albertoadrianzen.lamula.pe

Fuente: Diario La Republica. Sábado 31 de octubre del 2009.